El Draft 2020 tenía tres historias. Ahora sabemos cuál era la buena

Seis años después, el número 1 y el número 3 de aquella clase comparten vestuario en Minnesota. El número 2 lleva meses sin equipo.

El traspaso de LaMelo Ball a los Timberwolves no es solo un movimiento de mercado. Es el remate de un relato que empezó la noche del draft de 2020, cuando tres franquicias tomaron tres decisiones que hoy, vistas en perspectiva, separa un abismo.

Anthony Edwards. James Wiseman. LaMelo Ball. En ese orden.


El backcourt que nadie esperaba

Los Timberwolves cerraron el traspaso el 25 de junio, dos días después del draft. Charlotte enviaba a Ball y a Josh Green; Minnesota respondía con Naz Reid, una primera ronda en 2033, tres swap´s de primera ronda y tres segundas. Un precio alto en mi opinión, pero una apuesta clara, con muchas intenciones en la conferencia Oeste.

El contexto lo explica todo. Minnesota ha llegado a dos Finales de Conferencia Oeste consecutivas y en ambas ha chocado contra el mismo muro: el Oeste ya no es competitivo cuando te cruzas con Oklahoma City o San Antonio. Los Wolves perdieron sus cuatro partidos ante los Thunder en 2025 por 73 puntos combinados. No faltaba talento. Faltaba un ayudante para Anthony Edwards, para liberarle de toda la carga ofensiva, ya que las defensa rivales, solamente tenían que idear un sistema capaz de defenderle a él.

La temporada pasada, Chris Finch movió a Edwards al rol de base antes de que empezara la temporada. Una decisión que él mismo definió después como su «pecado original».

Edwards es muchas cosas como jugador, el segundo mejor índice de atracción defensiva (Gravedad o Gravity) de la liga esta temporada, solo por detrás de Kevin Durant, pero no es un base organizador. LaMelo Ball sí.


Por qué puede funcionar, y por qué es un riesgo real

El encaje tiene lógica clara. Edwards genera colapsos defensivos de forma constante; Ball es uno de los mejores creadores de juego colectivo de la liga, con 7’1 asistencias por partido esta temporada y un talento natural para encontrar el tiro abierto cuando la defensa se cierra. Con Rudy Gobert de ancla y Jaden McDaniels como escudero, Minnesota puede permitirse esconder a Ball en defensa y liberar su mejor versión en ataque.

Brian Windhorst lo resumió bien: si le pones un dos contra uno a Anthony Edwards con LaMelo Ball en pista, estás jugando con fuego.

Pero el riesgo existe y no tiene sentido ignorarlo. Ball tiene 24 años y un historial de lesiones que preocupa: solo disputó 105 partidos en las tres temporadas anteriores a esta. La temporada pasada, con 72 partidos, fue su mejor marca desde el año de rookie. Los Hornets conocen a su jugador mejor que nadie y, aun así, decidieron venderlo cuando el equipo iba hacia arriba. Eso merece una pregunta que nadie puede responder todavía.

Lo que sí es claro es que el núcleo que tiene ahora Minnesota entre Edwards, Ball y Jaden McDaniels, los tres con 24-25 años y contrato hasta 2029, es el más joven y potencialmente explosivo que ha tenido la franquicia, desde los tiempos de LaVine, Wiggins y KAT. Con Rudy Gobert todavía en forma, la ventana está abierta.


El número dos que no llegó

Mientras Edwards y Ball se juntan para buscar un anillo, James Wiseman lleva meses sin equipo NBA. En febrero de 2026 formó parte de la selección americana para la clasificación del Mundial, un equipo de jugadores que intentan volver a la liga. Es un dato que habla por sí solo.

En seis temporadas disputó 152 partidos. Promedió 11’5 puntos en su año de novato, su techo real hasta ahora, y nunca volvió a ese nivel. Golden State lo traspasó en febrero de 2023 a cambio de Gary Payton II, un jugador que podían haber fichado en el mercado. Después pasó por Detroit, por Indiana, se rompió el tendón de Aquiles en el primer partido de la temporada 2024-25, volvió a los Pacers, lo cortaron. El ciclo se repitió hasta que dejó de haber ciclo.

El índice de impacto ajustado de Wiseman en su carrera lo situó en el puesto 755 de 775 jugadores analizados. Con él en pista, los Warriors perdían 19’3 puntos por cada 100 posesiones, un dato, sin duda, más que diferencial, para mal.


El error que tiene nombre propio: draftear por necesidad

La pregunta que persiguió a los Warriors durante años fue siempre la misma: ¿por qué Wiseman y no Ball?

La respuesta fue honesta desde el principio. Los Warriors reconocieron que veían a LaMelo como el jugador con más talento del draft disponible en su pick, pero consideraban que Wiseman era el que mejor encajaba con sus necesidades. Tenían a Curry, a Klay y a Draymond. No tenían un pívot. Wiseman medía 2’11, era atlético y prometía ser el ancla defensiva que el sistema necesitaba. Además, con el peor récord de la liga ese año, la lógica de construcción de plantilla exigía un interior de impacto inmediato.

El problema no estaba en la lógica. Estaba en que draftear por necesidad, cuando existe un talento superior disponible, casi siempre envejece mal.

Wiseman nunca encajó en el sistema de Golden State. El ataque en movimiento, basado en lecturas rápidas y posicionamiento sin balón, no era el entorno ideal para un pívot de 19 años que venía de jugar tres partidos universitarios. Lo enviaron a la G League. Lo cedieron. Lo traspasaron. Y cuando los Warriors ganaron el anillo en 2022, Wiseman estaba en la tribuna, lesionado, con el anillo en el dedo pero sin haber pisado la pista.

LaMelo Ball, mientras tanto, ganó el Rookie del Año en 2021 y se convirtió en All-Star. Este verano vale más de 130 millones de dólares en el mercado. Y los Hornets han obtenido a un jugador como Naz Reid y múltiples rondas del draft a cambio de él.


El draft de 2020

No fue una camada mala, ni mucho menos. Fue una clase que separó muy rápido a los que eligieron bien de los que no. Con Edwards lo tenemos claro desde el principio. Ball tardó un poco más en encontrar su sitio. Wiseman nunca llegó a encontrarlo.

Minnesota apuesta ahora por reunir dos de los mejores talentos de ese draft, en pista. Si Ball se mantiene sano y el sistema de Finch encuentra el equilibrio, el Oeste tiene un nuevo problema. Si no, los Wolves habrán vaciado su cartera de elecciones por un experimento que duró unas temporadas.

Lo que ya no admite debate es lo que ocurrió aquella noche de 2020: cuando tienes al mejor talento disponible al alcance de la mano, la necesidad, es mal argumento para dejarlo escapar.

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