
Los Timberwolves envían al ala-pivot a los Nets en una operación a tres equipos que también implica a los Bulls. Una historia que empezó con la cesión de Karl-Anthony Towns y termina con un volcado salarial.
Minnesota tardó menos de dos años en darse cuenta de que el plan no funcionaba. En octubre de 2024, los Timberwolves sacudieron la Conferencia Oeste cediendo a Karl-Anthony Towns a los Knicks para traerse a Julius Randle. Era un movimiento arriesgado, cargado de intención: incorporar un ala-pívot físico, con capacidad anotadora y polivalencia ofensiva, que ayudara a Anthony Edwards a competir contra los mejores del Oeste. El lunes 23 de junio de 2026, la víspera del draft, Tim Connelly firmó su derrota: Randle ya es jugador de los Brooklyn Nets.
La operación es a tres equipos. Minnesota envía a Randle y la elección nº 28 (Joshua Jefferson) a Brooklyn. Los Nets ceden a Nic Claxton, que aterriza en Chicago junto a la elección nº 33 (Isaiah Evans) que recala en Minnesota. Los Bulls, a su vez, mandan a Mo Gueye a los Wolves, aunque su contrato no está garantizado y los Timberwolves piensan liberarle en cuanto el movimiento sea oficial.
Una operación que le sale cara a Minnesota… en todos los sentidos
Los números de Randle durante sus dos temporadas en Minnesota no eran malos. En la 2025-26 promedió 21´1 puntos, 6´7 rebotes y 5´0 asistencias con un 48´1% en tiro de campo. En lo esperado, que era aportar capacidad de creación ofensiva fuera de Anthony Edwards, cumplió. El problema fue siempre el mismo: los playoffs.
Contra los Thunder en las Finales del Oeste de 2025, Randle promedió 17´4 puntos, 3 asistencias y 3´6 pérdidas de balón por partido. Contra los Spurs en la segunda ronda de este año, directamente se derrumbó: 12´8 puntos y 7´7 rebotes con un 34´2% en tiro de campo y un 19% desde el triple. Minnesota cayó 4-2 ante San Antonio, y Randle fue incapaz de aliviar la carga de Edwards cuando más se le necesitaba.
El epílogo fue revelador. Randle no se presentó a las entrevistas de fin de temporada. En un equipo que se define por su carácter colectivo, esa ausencia dijo más que cualquier declaración. Los Timberwolves, que ya le habían incluido en las negociaciones por Giannis Antetokounmpo en febrero, sabían que el capítulo estaba cerrado.
Lo que resulta llamativo es el precio que han pagado por traspasarle. Minnesota no solo pierde a un All-Star con dos años de contrato vigentes: entrega además una elección de primera ronda y solo recibe a cambio una de segunda. Es un volcado salarial en toda regla, y la franquicia lo asume porque la ganancia en margen de maniobra justifica el coste deportivo.
Con Randle fuera del libro de contabilidad, los Wolves liberan aproximadamente 33 millones de dólares, lo que les permite firmar a Ayo Dosunmu por cinco años y 112 millones, acuerdo que se cerró la misma noche del traspaso. Dosunmu fue clave en la primera ronda ante Denver, donde anotó 43 puntos en el cuarto partido tras las lesiones de Edwards y DiVincenzo, y encarna exactamente el tipo de jugador que Minnesota quiere construir: versátil, comprometido y adaptado a lo que pide el equipo. La operación genera además una excepción de traspaso de 33´3 millones que los Wolves podrán utilizar en movimientos futuros.
Brooklyn lleva dos años esperando este momento

Los Nets han pasado tres temporadas seguidas sin ver los playoffs, con registros de 32-50, 26-56 y 20-62. La temporada pasada fueron el tercer peor equipo de la liga. Han acumulado elecciones de draft, han apostado por la juventud y han esperado el momento adecuado para dar un paso hacia la competitividad. Ese momento es ahora.
La llegada de Randle tiene sentido dentro de ese plan. Michael Porter Jr. lideró el equipo en anotación la pasada campaña con 24´2 puntos de media, en la mejor temporada estadística de su carrera. Era el único jugador de garantías en la plantilla, y eso le hacía vulnerable: cualquier defensa podía diseñarse en torno a él. Randle cambia esa ecuación. Con 21´1 puntos, 6´7 rebotes y 5´0 asistencias en su última temporada, llega como segunda opción ofensiva real, capaz de crear desde el poste alto, atacar el aro y generar para los compañeros en los bloqueos directos.
La operación les sale rentable también en lo que al draft se refiere. Brooklyn contaba con las elecciones nº 6, n°33 y nº 43 antes del traspaso. Ahora añade la nº 28 que le ceden los Wolves, a cambio de la nº 33 que le dan a Minnesota. Los Nets entraron al draft con tres elecciones y utilizaron el nº 6 para seleccionar a Mikel Brown Jr., base de Louisville que promedió 18´2 puntos y 4´7 asistencias en su temporada universitaria. El trío Randle, Porter Jr. y Mikel Brown Jr. es el núcleo sobre el que Brooklyn construye su proyecto inmediato.
Randle, quinto equipo y vuelta a casa
Julius Randle cumplirá 32 años en noviembre. Ha pasado por los Lakers, los Pelicans, los Knicks y los Timberwolves. Ahora Brooklyn, su quinta franquicia. El movimiento tiene una ironía geográfica difícil de ignorar: Randle vivió sus mejores temporadas como profesional vistiendo la camiseta de los Knicks, en el mismo Madison Square Garden que sigue siendo uno de los escenarios más exigentes de la liga. Ahora vuelve a Nueva York, pero al otro lado del río, al otro lado del puente, con la camiseta de los Nets y la tarea de liderar una reconstrucción.
Su contrato de 33´3 millones garantizados en la 2026-27 y una opción de jugador de 35´8 millones para la 2027-28 le da estabilidad y control. Lo más probable es que ejecute esa opción: con 32 años cumplidos y un mercado que no premia a los ala-pívots físicos de ciclo largo, pocas franquicias ofrecerían algo mejor. Si lo hace, los Nets tendrían a Randle durante dos temporadas completas con las que trabajar.
La incógnita no es si Randle puede ser útil en Brooklyn. Lo será. La pregunta es si este proyecto, con Porter Jr. como piloto y una generación joven sin experiencia probada, puede aspirar a algo más que el torneo del Play-In en los próximos dos años. En el Este, el listón no está muy alto, pero igualmente, hay que dar mucha guerra para acceder a esos puestos.
De momento, los Nets han dejado de ser un equipo que espera. Y eso, después de tres temporadas de derrota sistemática, ya es un paso.
