
Hay momentos en los que una franquicia acumula suficientes cartas como para redefinir su futuro de una tacada. Chicago está ahí ahora mismo. Después de una temporada más para olvidar, de 31 victorias y 51 derrotas, y de cuatro años consecutivos sin playoff, los Bulls llegan al verano de 2026 con la cuarta elección del draft, otra elección en el puesto 15, más de 54 millones de dólares en margen salarial (el mayor de toda la liga) y una dirección deportiva renovada de arriba abajo. No es una garantía de nada. Pero es la ventana más clara que han tenido en mucho tiempo.
Lo que hagan con ella definirá si esta reconstrucción tiene sentido o si en dos años siguen igual de perdidos.
Un margen salarial sin precedentes en la liga
El primer dato que hay que entender no es el del draft, sino el económico. Los Bulls pueden liberar hasta 54 millones de dólares en espacio salarial este verano, la cifra más alta de cualquier equipo de la NBA. Para contextualizar: los Lakers, que también tienen margen, rondan los 48 millones; los Nets están cerca de los 40. Chicago es, a efectos prácticos, el equipo con más dinero disponible del mercado.
Los contratos que tienen garantizados para la próxima temporada son manejables. Josh Giddey se lleva 25 millones, Patrick Williams 18 («manejable»), Tre Jones 8 millones, Rob Dillingham casi 7 millones, Matas Buzelis y Noa Essengue 5´7 millones cada uno. Isaac Okoro y Jalen Smith tienen contratos que expiran este verano, lo que añade otra capa de flexibilidad si la nueva dirección decide hacer limpieza.
Ese margen salarial también convierte a Chicago en el destino más atractivo de la liga para absorber contratos poco deseables a cambio de activos (básicamente, pagar el sobresuelo de un jugador que otro equipo ya no quiere a cambio de picks o jugadores jóvenes con potencial). Hay competencia, Memphis y Dallas también tienen herramientas para ese tipo de operaciones, pero el volumen de dinero disponible en Chicago es difícilmente igualable.
La clave, como siempre, es no gastarlo mal. El dinero vale lo que vale el jugador al que va destinado.
El draft que puede cambiar la película

Si el margen salarial es el músculo financiero de este verano, el draft es el corazón. Los Bulls tienen la cuarta elección (fruto de un salto en la lotería que nadie esperaba, pero que les puede cambiar el futuro) y la decimoquinta, llegada desde Portland en un intercambio anterior. Además guardan el pick 38 y el 56, por si quieren usarlos en algún movimiento.
El nuevo director general, Bryson Graham, lo dejó claro nada más conocer el resultado de la lotería: «Acabo de empezar en este trabajo y ya tengo la cuarta elección. Esto es una locura.» No era frase hecha. Graham lleva poco tiempo en el cargo y esta posición en el draft le cambia los plazos de trabajo.
Lo más probable es que en el cuarto puesto los Bulls elijan a Caleb Wilson, el alero de North Carolina considerado el mejor disponible si los tres grandes de este draft (AJ Dybantsa, Darryn Peterson y Cameron Boozer) se van antes, que todo apunta a que así será. Caleb Wilson es un jugador de 6´8´´ con buen tiro de media distancia, lectura del juego por encima de la media y versatilidad táctica. No es el tipo que va a marcar la franquicia durante quince años, pero encaja bien con el tipo de plantilla que Tiago Splitter parece querer construir: versatilidad, capacidad de cambiar en defensa e IQ baloncestístico alto.
La decimoquinta elección es más abierta. Los Bulls han trabajado en previas con varios bases de perfil lotería (Keaton Wagler, Darius Acuff, Mikel Brown, Kingston Flemings), lo que alimenta la especulación de que podrían moverse hacia arriba o hacia abajo dependiendo de lo que les ofrezcan.
El dilema Buzelis: construir con él o usarlo como moneda

El debate más interesante del verano en Chicago no gira en torno a a quién elegirán en el cuatro, sino a si la franquicia está dispuesta a pagar el precio de subir hasta el número uno para quedarse con AJ Dybantsa.
El alero de BYU lideró la División I en anotación con 25´5 puntos por partido, tirando al 51% en campo, y añadiendo 6´8 rebotes y 3´7 asistencias a su bo. Son los números de un jugador que puede ser la primera opción ofensiva de una franquicia durante una década entera. Ese tipo de perfil no aparece en el draft cada año, y los Bulls llevan tiempo sin tener algo parecido en plantilla.
El coste de subirlo sería enorme: ceder a Matas Buzelis más los picks cuatro y quince a Washington a cambio del primer puesto. Buzelis tiene 21 años, promedió 16´3 puntos en su segundo año en la liga y está bajo contrato hasta 2028 con un salario de 5´7 millones. Renunciar a él (junto a dos elecciones de primera ronda) es mucho, y más viendo que Buzelis ya es un jugador probado y con potencial real al máximo nivel, además de poder contar con él a bajo coste, hasta al menos 2028, mientras que AJ Dybantsa, por ahora, es un prospecto.
Pero la pregunta que debe hacerse Graham es directa: ¿Buzelis tiene techo de jugador franquicia o techo de muy buen secundario? Porque si la respuesta honesta es la segunda (y hay argumentos sólidos en ambos sentidos), quizás Dybantsa justifique todo el precio. Los equipos que han ganado anillos no lo han hecho acumulando piezas correctas, lo han hecho teniendo a alguien que marca la diferencia en el quinto partido de unas finales. Chicago no ha tenido eso desde hace mucho.
Splitter llega a Chicago: historia del baloncesto latinoamericano

La contratación de Tiago Splitter como entrenador principal es, más allá del ruido del draft y de las negociaciones de verano, probablemente la decisión más reveladora de la temporada que viene. El brasileño de 41 años nacido en Joinville, Santa Catarina, se convierte en el primer latinoamericano en la historia de la NBA en ocupar el banquillo de forma titular en una franquicia. No es un apunte menor.
Splitter llegó a Portland como asistente de Chauncey Billups en condiciones complicadas, tuvo que asumir el equipo de forma interina cuando Billups fue apartado por razones externas al baloncesto, y acabó llevando a los Trail Blazers a playoffs con un balance de 42-40. Perdió en primera ronda ante San Antonio, pero se ganó el respeto de toda la liga. Y ahora está en Chicago con todas las responsabilidades.
Lo que demostró en Portland fue una capacidad de desarrollo con jugadores jóvenes que encaja muy bien con lo que los Bulls necesitan. Scoot Henderson, Shaedon Sharpe y Toumani Camara crecieron o se consolidaron bajo su dirección. Si ese efecto se reproduce con Giddey, Buzelis y el jugador que elijan en el cuatro, el proceso se puede acelerar de forma significativa.
Graham fue muy claro sobre el perfil de plantilla que quiere: «Queremos tamaño, longitud, versatilidad y físico en toda la plantilla. Cuanto más versátil seas, mejor. Si el que defiende al base puede también defender al alero y cambiar a un pívot, tienes algo serio.» Los nombres del mercado que circulan responden exactamente a ese perfil.
Lo que buscan en el mercado de agentes libres

Con ese tipo de identidad de juego en mente, los objetivos de Chicago en la agencia libre tienen bastante sentido. El problema es que los más interesantes son agentes libres restringidos, lo que significa que sus equipos actuales pueden igualar cualquier oferta que llegue de fuera.
Walker Kessler encabeza muchas de las quinielas. El pívot de Utah tiene exactamente el perfil defensivo que Splitter necesita en el cinco: protector del aro, móvil, con presencia física. Chicago podría ofrecerle un contrato máximo que los Jazz quizás no están dispuestos a igualar si tienen sus propias prioridades presupuestarias. Que lo consigan o no depende de muchas variables, pero tienen la capacidad económica para intentarlo.
Peyton Watson, Tari Eason y Bennedict Mathurin también aparecen con regularidad en las conversaciones. Los tres son alas con capacidad defensiva, energía y potencial ofensivo sin explotar del todo. Mathurin, que ha jugado sus mejores temporadas como jugador secundario o microondas en Indiana, podría florecer con más protagonismo en un proyecto donde el balón y los focos no están concentrados en ninguna superestrella. Es una apuesta, pero es el tipo de apuesta que los equipos en reconstrucción deben hacer.
El riesgo de perseguir agentes libres restringidos es siempre el mismo: puedes poner encima de la mesa una oferta enorme, esperar semanas y que el equipo la iguale en el último momento. Chicago tiene el dinero. Lo que no puede controlar es la voluntad de los otros equipos.
Lo que tiene en casa y lo que le falta
Antes de hablar de incorporaciones, conviene ser honestos sobre lo que ya existe en la plantilla. Giddey y Buzelis son las dos piezas más claras de cara al futuro. Ninguno de los dos es, todavía, el motor de un equipo competitivo.
Giddey es un base creador de juego de primer nivel. Pasa bien, rebotea de forma inusual para su posición, y puede anotar con eficiencia cuando el partido le va en ritmo. Sus limitaciones son conocidas: le cuesta generar ventaja en espacios reducidos contra defensas organizadas, y su porcentaje de triples sigue sin ser lo suficientemente amenazante como para que los defensores le respeten a distancia. En la temporada 25/26 promedió 17´3 puntos, 9´1 rebotes y 8´3 asistencias, pero bajó a 14 puntos en la segunda mitad del año con porcentajes discretos.
Buzelis, por su parte, es un ala de 6´8´´ con visión de juego, verticalidad y capacidad anotadora en múltiples niveles. Su segunda temporada fue prometedora con 16´3 puntos de media y hay razones reales para pensar que puede seguir creciendo. Pero el salto de «jugador con proyección» a «jugador de impacto en equipos que ganan» todavía no se ha dado.
Eso no los convierte en malos jugadores. Los convierte en piezas interesantes alrededor de las cuales edificar algo, siempre y cuando se les añada el talento correcto en las posiciones adecuadas.
Por qué este verano importa más de lo que parece
Los Bulls no van a competir por el título la próxima temporada. Eso no lo dice nadie con mala intención, lo dijo el propio Graham en su presentación: «Estamos en fase de reconstrucción y somos extremadamente jóvenes. Va a llevar tiempo.» No es gestión de expectativas a secas. Es la descripción de un plan real.
La referencia que maneja el entorno de la franquicia es la de los Spurs de 2022-23 o la de los Pacers de la misma época: equipos que aprovecharon su margen salarial con criterio, eligieron bien en el draft y construyeron una base sólida que en pocos años les llevó a las Finales. No se llega ahí dando el pelotazo. Se llega tomando decisiones correctas de forma consistente.
Si Chicago elige bien en el cuatro, aprovecha la decimoquinta elección con criterio, firma uno o dos agentes libres que encajan con la filosofía de Splitter y absorbe algún contrato tóxico a cambio de activos, puede entrar en la temporada 2026-27 con una plantilla que sepa para qué está. Eso ya sería un salto enorme respecto a los últimos tres años.
El peligro es el otro escenario: gastarse el margen salarial en el hombre equivocado, elegir sin jerarquía en el draft o dejar que la presión de ganar ya condicione decisiones que deberían pensarse en clave de futuro. Chicago ha caído en ese tipo de errores antes. Varias veces.
Un verano sin red de seguridad
Los Bulls llegan a este offseason con algo que llevaban años sin tener: opciones reales y el dinero para ejecutarlas. La pregunta no es si pueden mejorar. Es si la nueva dirección (Graham y Splitter, ambos con pocos meses en el cargo) es capaz de priorizar bien en un entorno donde las tentaciones son muchas y el margen de error existe pero no es infinito.
Si lo hacen bien, la temporada que viene puede ser el primer año de algo prometedor. Si no, habrán malgastado la mejor ventana que han tenido en lustros. Y en la NBA, esas ventanas no se repiten, el tren solamente pasa una vez.
